La derecha no tiene corazón y la izquierda no tiene cerebro
Cuando somos niños, nos encontramos
con el primer acercamiento a vivir en sociedad, en esta organización debemos
obedecer normas y respetar la autoridad de nuestros padres o tutores, luego conocemos el colegio,
y posteriormente nos incluimos en este baile de personas que viven en un lugar
en común.
Es aquí donde nos encontramos con
la realidad de leyes que no tienen sentido, reglamentaciones que no aceptamos,
situaciones que creemos que no son justas. Sin embargo cuando el individuo
En una sociedad postmoderna la
idea de política parece evocar todos los más sucios recuerdos, como la corrupción,
el nepotismo, en general una casta que usufructúa de la sociedad. Ya sea de izquierda o derecha los resultados están
siendo similares, pues de una u otra forma vivimos en una sociedad de libre
mercado, el cual nos condiciona a ciertas normas y reglas del juego financiero
que no explicitaré en este momento.
Por un lado existe una sección de la sociedad que
quiere estatizar todo, para poder enriquecer a su casa, otros buscan los
mayores beneficios ilegales para que su casta de políticos, que muchas veces no
piensan por ellos mismos, pues podrían perder el poder que ostentan. Por otro
lado están los empresarios que, de manera ilegal tratan de sacar el mayor
beneficio para su casta, que obviamente tampoco piensan por si propios.
Cada
día aparece en la prensa esta misma gente que dice que habla por el pueblo,
casi como separándose de su misma especie, como si el pueblo fueran un ente ajeno,
un ente separado de la sociedad. Otros
se basan en encuestas y tratan de mostrarse de la mejor forma posible a un
grupo de electorado que en nada representa.
Es
necesario crear una nueva dimensión política, una que no sea de izquierda ni de
derecha, es necesario la democracia real, debemos crear una nueva dirección que
este perpendicular a la dimensión izquierda, derecha.
La
propuesta es simple, devolver el poder a los ciudadanos, el poder a las personas,
dejen que los pueblos forjen su propio destino. Y por sobre todo de las
consecuencias de la nueva construcción.
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